— El Marketing político —

Dr. Francisco Javier Maqueda Lafuente

Universidad del País Vasco

Dr. Aitor Maqueda Solórzano

Universidad Camilo José Cela


 

Tenemos que partir de la base de que, en una campaña electoral, el Marketing Político representa el conjunto de técnicas que podemos utilizar para tratar de influir en las actitudes y en las conductas de los potenciales votantes. También se trata de influir en las personas para interesarlas por los programas y las ideas de los candidatos y de los partidos políticos a los que representan.

Siguiendo al profesor Gabriel Olamendi (2003), podemos decir que “su objetivo es: La consecución del voto individual del mayor número de electores para que un partido alcance el poder, en un contexto democrático”.

Pensemos que el votante razona ante los impulsos y mensajes que recibe y, en base a ellos, reacciona en un sentido determinado o en otro. Frente a las opciones que se le presentan, el elector ejercerá su opción en base a la imagen del candidato y a la adecuación de la propuesta electoral que se le ofrece a sus propias ideas políticas.

En algunos países existe la obligación de participar en los procesos internos de los partidos para designar a los candidatos y diseñar y aprobar los correspondientes programas electorales. En otros muchos países esta obligación queda, o bien en manos de los afiliados a los partidos, o bien son los propios partidos políticos los que confeccionan el programa, designan a los candidatos y diseñan la campaña.

No demos perder de vista que, si hacemos caso a las encuestas postelectorales, en torno al 15 % del electorado decide su voto en los últimos instantes inmediatos a la votación, y que lo hacen en base a razones poco ortodoxas, como son, según manifiestan los propios interesados: un anuncio televisivo, la imagen del candidato en una valla publicitaria o en un folleto de mano, un mitin, un mensaje radiofónico que impacta en el elector, o, simplemente, porque olvidándose del programa que defiende, el candidato les cae simpático en un momento concreto.

Antes de nada, y de manera enunciativa, podemos indicar que los ingredientes de una campaña electoral serían los siguientes:

– El candidato
– Sus objetivos
– Sus estrategias
– Su programa electoral
– Su campaña de comunicación
– Su director de campaña
– Su asesor de imagen
– Su equipo
– Su presupuesto
– Su calendario de actividades
– Sus medidas para atajar las posibles desviaciones
– El acercamiento al ciudadano
– Su capacidad para transmitir confianza y liderazgo
– Su honestidad

Estrategia general del Marketing Político

En primer lugar diremos que el objetivo inicial del Plan de Marketing Político se centra siempre en tratar de conseguir el voto de los electores que participan en la campaña electoral. Para ello, todas las herramientas utilizadas en la campaña, y todos los mensajes diseñados, tratarán de ser disuasivos ante posibles dudas entre los ciudadanos.

A partir de la fijación del objetivo inicial, que no es otro que el de intentar conseguir la confianza del electorado y ganarnos su voto, procederemos a diseñar las estrategias de actuación y los programas específicos en que se concretarán las mismas. Todo ello deberá diseñarse pensando en el público objetivo (en cómo llegar a los electores), en el lugar y en el tiempo concretos de actuación y en la elección de la oferta adecuada (con el mensaje que pensamos que mejor responderá a sus expectativas).

Teniendo siempre presente que existirán diferentes fuerzas políticas contrarias que acudirán a la misma cita electoral, las personas que diseñen la campaña deberán pensar, obligatoriamente, en lo que los sondeos nos dicen que esperan los electores de nuestra fuerza política y, en base a esos datos, se establecerán las estrategias de Marketing y los programas concretos de actuación que mejor respondan a esas necesidades manifestadas por los ciudadanos.

Uno de los grandes retos a los que a menudo se enfrentan los partidos políticos es que tratan de diseñar sus campañas electorales y, en consecuencia, sus mensajes, en base a su propuesta política fundacional, y eso es un grave error. Los tiempos cambian, las sociedades avanzan y los postulados que dieron origen al nacimiento de los partidos hace muchos años deben revisarse y adaptarse a las necesidades y exigencias de los ciudadanos de cada momento y de cada entorno. Lo que nos ayudó a alcanzar el poder hace unos años pueden que no sirva de mucho en los momentos actuales, debido a que la sociedad va adaptando sus valores a las situaciones concretas de los tiempos en que vivimos, y los partidos deben sondear dichos valores, creencias y necesidades para tratar de encontrarles una satisfacción en su programa electoral.

No solo los tiempos cambian; cada vez son más los votantes jóvenes que se incorporan por primera vez a los momentos electorales. Los partidos deben segmentar a sus masas de votantes y diseñar estrategias y programas de información y de actuación para cada colectivo concreto. Los intereses de los jóvenes no suele coincidir, necesariamente, con los de las amas de casa, ni con los pensionistas o con los de las profesiones liberales. Y, al final, el partido que sabe aglutinar el voto de los diferentes colectivos, bien sean estos progresistas o conservadores, o una combinación de ambos, es el que, en definitiva, alcanza el éxito final.

Uno de los puntos débiles que más se repiten en el diseño de las campañas de comunicación política, en la mayoría de los partidos, es el que tiene que ver con su mala comunicación. Suelen aferrarse, por lo general, en centrase en su propuesta política (su programa) y no saben comunicarlo en profundidad. En otras palabras, los partidos saben bien lo que quieren hacer pero no son capaces de transmitir a su electorado el cómo lo van a hacer (es decir, sus estrategias de actuación), ni mucho menos los programas y las actividades (los medios) que van a emplear para tratar de alcanzar los resultados deseados.

Insistimos en que una de las claves para alcanzar el éxito electoral es el adecuado conocimiento de nuestra “clientela”. Si no conocemos a aquellos a los que queremos motivar para que con su voto apoyen nuestras propuestas, difícilmente podremos construir los mensajes que calen en sus conciencias y que, en definitiva, les muevan a avalar nuestras candidaturas. Y, junto al conocimiento del mercado, está la necesaria segmentación a la que nos hemos referido anteriormente. Conocimiento del mercado y segmentación son ingredientes necesarios para “cocinar” la receta del buen Marketing Político.

Todas las técnicas del Marketing deben ser utilizadas en el diseño de una campaña electoral. En consecuencia, el Plan de Marketing Político que proponemos se basará en la combinación perfecta de las tendencias, de los estudios de mercados, del empleo de técnicas econométricas y cuantitativas, del diseño de programas, de calendarios y de presupuestos y de la utilización de modelos de simulación y de gestión, así como del empleo de métodos tales como el CRM.

Una vez que tengamos claros los objetivos a alcanzar en nuestro Plan de Marketing (partiendo de la base siempre de que éstos sean posibles de conseguir), estaremos en condiciones de fijar las estrategias concretas de actuación. El proceso es bien sencillo:

– Se fija una meta a alcanzar (objetivos)
– Se diseñan unos caminos para tratar de llegar al objetivos (estrategias)
– Se establece un calendario de actuaciones (programas)
– Se aprueba un presupuesto para cada acción
– Se designa un responsable para cada programa y un responsable general
– Se establecen unos mecanismos de control para detectar las posibles desviaciones no deseadas, que a buen seguro, irán apareciendo y se diseñan medidas de corrección para tratar de eliminarlas, o bien, de corregir sus efectos

Diseño de los Objetivos y determinación de los Medios necesarios

El objetivo principal de todo partido político consiste, siempre, en tratar de convencer con su programa electoral a su electorado potencial. Tienen que vender su producto de forma similar a como lo haría cualquier empresa en el mercado. Al final, el producto se concretará en un candidato que es elegido por los votantes para ocupar un determinado puesto y, de esta manera, representar y defender los intereses de aquellos que depositaron su confianza en él. La representación social de los candidatos va íntimamente unida a la imagen de los partidos políticos. No existirían los unos sin los otros y viceversa.

Ahora bien, aquí es donde queremos hacer notar la importancia del Marketing Político y de los resultados que se pueden alcanzar con un uso adecuado de sus herramientas. Muchas veces nos encontramos con personas-candidatos poco o nada conocidos los cuales, en base a una adecuada campaña electoral, alcanzan unos resultados electorales insospechados en un inicio. Y también tenemos candidatos que arrastran por sí mismos a una buena parte del electorado y, así, aunque se presenten bajo las siglas de otra formación política diferente, mantienen una parte de sus fieles votantes. En estos casos, se vota más a la persona que al programa; aunque también la persona-candidato necesitará de una adecuada campaña electoral en cada situación concreta. Sin Marketing Político, sin campañas electorales, los votantes acaban olvidándose de sus líderes, por muy populares que hayan llegado a ser éstos en el pasado.

Coincidimos en que debe darse una coincidencia de intereses entre el candidato y su partido y que, además, esa sana coincidencia se refleje y se perciba por parte de la sociedad civil. En otras palabras, el candidato ideal deberá ofrecer intenciones políticas sanas y coherentes, que estén necesariamente en línea con la esencia de los principios y con las señas de identidad de su formación política.

Pero si la elección del candidato es importante, también lo serán el establecimiento de los objetivos a alcanzar y los medios necesarios para tratar de conseguirlos. Ambas cuestiones van íntimamente unidas, de manera que, el triunfo final, responderá a la adecuada combinación de dichos ingredientes.

 El establecimiento de los Objetivos

El objetivo prioritario será el de tratar de alcanzar el número de votos necesarios para poder gobernar, o bien, para tener la presencia deseada en el gobierno o en la institución de la que se trate en cada caso concreto. Por todo ello, deberemos calcular cual es el número de votos necesarios para alcanzar un escaño y diseñar el plan para llegar a él.

Pongamos un ejemplo ilustrativo que hará más fácil la comprensión de lo que queremos decir. Supongamos que nos encontramos ante el diseño de una campaña electoral cara a unas elecciones para Presidente de Diputación de una provincia española cualquiera.

Nuestro objetivo prioritario será el obtener, al menos, el 50% de los votos emitidos entre los habitantes con derecho a voto de la provincia para, de este modo, asegurarnos la victoria electoral y la elección de nuestro candidato a Presidente de la Diputación Provincial.

El primer paso en el establecimiento del Plan de Marketing consistirá en segmentar los municipios de nuestra provincia en base a su población para, de esta manera, centrar nuestros esfuerzos en aquellos municipios con un mayor número de habitantes. Esto, unido al análisis de los resultados alcanzados por nuestra formación en anteriores contiendas electorales, nos será de gran ayuda a la hora de diseñar las estrategias y los mensajes concretos en cada territorio o circunscripción electoral a la que tengamos intención de presentarnos.

Las encuestas de intención de voto y los resultados de los test de análisis de los gustos y de las preferencias de los ciudadanos hacia nuestro candidato y hacia nuestro programa electoral, nos marcarán las líneas maestras que nos permitirán centrar nuestra oferta electoral en cada momento del proceso.

De esta manera, hemos establecido un objetivo prioritario en el Plan de Marketing Político al habernos fijado como meta mínima el tratar de alcanzar unos resultados electorales que superen el 50% de los votos emitidos, a la vez que hemos seleccionado aquellos municipios en los que nos conviene más centrar nuestra atención y nuestros esfuerzos.

Ya hemos indicado que, una vez seleccionados los municipios, el siguiente paso consistirá en segmentar a sus grupos de habitantes en base a las expectativas de voto que pensemos ofrecer a cada uno dichos colectivos.

Una vez que tengamos claro cuáles deben ser los mensajes necesarios, para intentar cautivar sus preferencias, estaremos en condiciones de establecer los medios a emplear en el proceso electoral.

Selección de los Medios a utilizar en cada momento

Una vez analizadas las características específicas de cada municipio, procederemos a señalar los distritos o los barrios donde vayamos a concretar nuestros mayores esfuerzos. Seguidamente, estableceremos los medios a emplear para tratar de llegar a un mayor número de nuestros posibles electores.

En el diseño y en la elección de los medios a utilizar en la campaña juega un papel fundamental el equipo responsable del Marketing Político. Está claro que, si se trata de ganarnos la confianza de la gente y su voto, tendremos que darnos a conocer. Deberán conocer a nuestros candidatos y deberán conocer nuestro programa. Para ello, nos serán de gran ayuda los mítines y encuentros personales, las campañas en prensa, radio y televisión, las tertulias, las vallas publicitarias, los folletos y todos aquellos soportes promocionales que les hagan tener presentes tanto nuestras siglas, así como la imagen de los candidatos.

Diseño del Programa de Actividades

El Plan de Marketing Político recogerá, de una manera detallada, cada uno de los actos que tengamos previsto desarrollar a lo largo de la campaña electoral. Será lo que denominamos “Programa de actividades”.

El Programa deberá detallar cada uno de los lugares que pensamos visitar a lo largo de la campaña, con indicación precisa de los locales o espacios concretos a utilizar; el tiempo que vamos a emplear en cada uno de los eventos previstos; los intervinientes en los actos y el orden y duración de sus alocuciones; las caravanas de vehículos y de personas y los puntos exactos en los que se detendrán las comitivas en su recorrido; los recursos, de todo tipo, necesarios en cada una de las etapas o fases y las recomendaciones para todos los integrantes de la expedición en cada momento en concreto.

El objetivo deseado es el poder determinar con precisión quién, cómo, cuánto, cuándo y dónde se va a tratar de apoyar y de arropar al candidato de nuestra formación política en cada uno de los momentos de la campaña.

Estudiaremos los presupuestos de gasto para cada actividad concreta y detallaremos las fechas y lugares de celebración de cada una de esas actividades previstas a realizar asignándoles, a cada una de ellas, una persona responsable.

También, sería recomendable poder contar con un programa alternativo de actividades. Es como su tuviéramos un “Plan B” por si el primeo nos falla en un determinado momento. Pueden surgir imprevistos meteorológicos, problemas de transporte, enfermedades, altercados…etc., que nos exigirán actuar con rapidez y con flexibilidad para tratar de salvar los imprevistos de la mejor manera posible. Y todo ello es recomendable que esté planificado en esos programas alternativos.

Los puntos más importantes del programa de Actividades serán, de manera resumida:

– El detalle de las actividades a realizar
– El calendario concreto
– El personal necesario en cada ocasión
– Los medios, de todo tipo, que se precisarán
– Los presupuestos
– Las campañas publicitarias y promocionales
– Los planes alternativos
– El equipo de emergencias
– Las recomendaciones y medidas para tratar de evitar desviaciones

Determinación del Presupuesto necesario

El presupuesto es obligatorio y contendrá el detalle de todos las gastos que tenemos previsto realizar en cada una de las acciones de la campaña electoral. Sin un presupuesto y si unas medidas de control, junto con un responsable de su ejecución y de su vigilancia, la campaña puede ser un verdadero desastre desde el punto de vista económico y financiero.

Muchas veces los partidos diseñan sus campañas sin disponer de los medios financieros necesarios para las mismas, e, incluso, se sienten tentados a endeudarse en la esperanza de que los resultados alcanzados, con posterioridad, les permitan hacer frente a las importantes deudas contraídas.

En la medida en que los estudios de mercado nos van dando las previsiones, en cuanto a intención de voto de los ciudadanos, los partidos políticos se sienten “en la obligación” de gastar más de lo presupuestado, bien para conseguir reducir las diferencias con sus competidores, o bien para tratar de agrandarlas. En cualquier caso, el resultado final será el mismo: una deuda elevada, y no prevista, que habrá que devolver algún día. Y ahí es donde el responsable financiero de la campaña tiene que hacer valer su autoridad, sobre todo frente a los “insaciables” hombres de Marketing , y a los propios candidatos y responsables políticos, que piensan siempre que el fin justifica los medios, y luego pasa lo que pasa.

Estamos convencidos de que irán apareciendo desviaciones monetarias a lo largo del proceso electoral. Cuando aparezcan deberán detallarse y justificarse y tomaremos las medidas oportunas para tratar, por todos los medios, que desaparezcan y que no se vuelvan a producir.

En numerosas ocasiones las desviaciones aparecen, como venimos comentando, por un cambio obligado o deseado en la táctica o en la estrategia electoral. Lo que no es admisible es que las mismas respondan a negligencias de tipo administrativo o a simples decisiones personales de los candidatos o de los responsables de los partidos. En estos últimos casos, trataremos de determinar quién es el responsable de la desviación y se aplicarán medidas sancionadoras ejemplares para que la misma no vuelva a repetirse.

Los sistemas de control nos permitirán conocer, al final de la campaña, las posibles desviaciones y sus causas más significativas. Todo ello nos servirá de experiencia para poder afrontar, de una manera más adecuada, futuros procesos electorales.

No hay que olvidar que en el Marketing Político, como en el resto de las disciplinas del Marketing, todos los días estamos innovando y, con la velocidad que se propagan las noticias a través de los medios de comunicación y de Internet, lo que hoy se ha experimentado con éxito en cualquier punto del Planeta, maña mismo lo están utilizando los expertos en comunicación política en el diseños de sus planes en otros países.

 El Candidato y su Política de actuación

El Plan de Marketing puede ayudar, en todo, al éxito de la campaña electoral. Ahora bien, es responsabilidad de los dirigentes de los partidos políticos el seleccionar adecuadamente a aquellos aspirantes a candidatos que mejor reúnan los requisitos necesarios para cada puesto en concreto.

Se supone que los candidatos seleccionados tendrán capacidad de liderazgo, don de gentes, poder de atracción y honestidad probada. Pero, además, tienen que dar la imagen que quieren que den sus futuros votantes. Y es ahí, precisamente, donde los estudios de mercado entre las bases de los partidos y entre la ciudadanía nos pueden ser de una gran utilidad.

No es que tengamos, necesariamente, que presentar a los candidatos que resulten mejor valorados en las encuestas, pero, qué duda cabe, no tenemos tampoco que despreciarlas. Al final, los propios partidos, sus ejecutivas, serán las que, oída o no la militancia, según el modelo estatutario, deberán designar a los candidatos que consideren con más posibilidades de alcanzar el éxito en la contienda electoral.

A continuación la campaña de imagen en prensa, radio, televisión e Internet puede hacer que el candidato seleccionado sea más conocido. De este modo un hombre de partido, desconocido para la gran mayoría de la población, puede llegar a convertirse en un personaje popular y con posibilidades de lograr el triunfo.

La persona elegida deberá adecuar su estilo, su mensaje y sus modos y tratar de fijar una política de actuación personal que se encuadre dentro del programa diseñado por su partido.

De esta manera, podrá contar con todos los medios que le facilite su partido para tratar de reforzar y de fortalecer su imagen y la de su grupo político; en definitiva, su persona y su mensaje calarán entre los electores y marcarán una ventaja en relación a sus competidores.

Si nos equivocamos en la elección de los candidatos, estaremos poniendo en peligro la propia campaña y sus objetivos y estrategias, así como los resultados presentes y futuros del propio partido. Un error de esta envergadura condicionará, durante largo tiempo, la propia trayectoria política del grupo, de sus dirigentes, de sus afiliados, e, incluso, hasta de sus simpatizantes.

El Candidato y su personalidad

El candidato deberá tener una fuerte personalidad y una buena salud para poder afrontar con posibilidades de éxito la campaña que inicia.

Tiene que diferenciarse claramente del resto de los candidatos. No sería asumible un candidato que pudiera ser confundido, o bien comparado, con otro candidato. De ahí la importancia de una marcada personalidad.

No es necesario que presentemos a una persona muy popular como candidato, lo importante es que la persona elegida sea capaz de hacerse cercana y que su mensaje cale entre el resto de sus conciudadanos. Ante todo sinceridad y capacidad de convicción en sus mensajes y propuestas. Tiene que exponer su proyecto como algo posible y deseable por la gran mayoría de los votantes, y éstos le tienen que sentir involucrado en el mismo. Si viene a ofrecer soluciones a los problemas de los más necesitados; ellos le tienen que ver como una persona cercana y capaz de ayudarles.

La personalidad del candidato aparece íntimamente ligada a su imagen pública. En consecuencia, consideramos que un buen candidato deberá reunir las siguientes cualidades personales:

– Imagen
– Sinceridad
– Integridad personal
– Don de gentes
– Capacidad de oratoria
– Capacidad de convicción
– Capacidad de lógica
– Firmeza
– Carisma personal
– Alto nivel de tolerancia
– Diplomacia
– Respeto
– Un cierto atractivo físico
– Experiencia política
– Experiencia de gestión
– Intuición
– Optimismo
– Trabajo en equipo
– Excelente salud

Será necesario que el candidato cuente con el apoyo permanente de un adecuado equipo de colaboradores que le asesoren, que le apoyen, que le animen y que le ayuden a superar los momentos de crisis.

El equipo de colaboradores estará seleccionado por el propio candidato, siempre de acuerdo con su partido, teniendo en cuenta que sus miembros serán las personas más cercanas que tendrá el candidato en sus momentos de gloria y en sus momentos de debilidad. La carrera hasta el liderazgo electoral es dura y el candidato contará con momentos muy difíciles y con críticas despiadadas durante el transcurso de la misma. Deberá estar física y psíquicamente preparado para la batalla y su equipo de colaboradores le será de gran apoyo en el día a día.

Existe una norma básica, no escrita, en política que dice que un político nunca debe abandonar por haber perdido unas elecciones. Únicamente deberá abandonar cuando se considere que ha cumplido su tarea o, en otras palabras, “cuando está gastado”. Es en ese momento cuando no debe hacer caso a los consejos de su equipo o de la dirección de su partido, pues debe ser él sólo el que adopte la posición personal de retirarse.

Como decía un importante asesor de campañas electorales: Un político debe tener siempre presente que el arte de prevalecer en la escena política es el arte de vivir, y para alcanzar este objetivo el político debe saber rodearse de personas que le cuiden, le asesoren y, en definitiva, le ayuden a vivir.

El Candidato y su poder de argumentación

El candidato necesita del dominio de las técnicas dialécticas. No hace falta que sea un experto, pero unos conocimientos importantes en esta materia sí que le serán de una gran utilidad.

En sus intervenciones el candidato debe saber hablar y, al mismo tiempo, debe saber escuchar. Es muy importante que sepa callarse en los momentos delicados y poder revocar, con educación, las críticas de sus adversarios. Para estas lides necesitará un elevado dominio de la polémica y de la retórica, con algunas dosis de sarcasmo refinado.

El dominio absoluto del léxico político será absolutamente fundamental en los aspirantes a líderes políticos, junto con un control del ingenio intuitivo, de la sagacidad en el lenguaje y de la fluidez y de la agudeza verbal. Con la palabra logrará transmitir sus mensajes y podrá convencer al público al que se dirige. Es decir, la palabra es, junto con la imagen de confianza, el arma más valorada en los políticos.

Para poder defender el programa electoral de su formación política, su ideología y su imagen personal, los diseñadores de la campaña de Marketing le ayudaran a elaborar una serie de frases hechas , de eslóganes, de argumentaciones y coletillas que, a buen seguro, le ayudarán a reforzar los lemas de su programa y a salir airoso de situaciones comprometidas.

Es imprescindible que los responsables de la campaña política chequeen, ex ante, las frases hechas, las argumentaciones, las razones y las coletillas para tratar de ver si éstas son comprendidas por el electorado, y si ayudan o no a centrar el mensaje electoral en todas sus dimensiones.

El candidato no debe dar la sensación de que está utilizando frases hechas, aunque se apoye en ellas en momentos concretos. En otras palabras, el equipo de trabajo deberá seleccionar las frases y argumentaciones de apoyo, pero el candidato, cuando las utilice, deberá dar una sensación de naturalidad, de seguridad y de dominio en todo momento. Todo ello requerirá de un gran entrenamiento y de una complicidad entre el candidato y su equipo de apoyo electoral. Es mejor que dé la sensación de estar improvisando, aunque esta improvisación sea el resultado de un importante trabajo anterior, a que se le noten los tics premeditados.

Para poder defender con éxito sus argumentaciones, es conveniente que el candidato cuente con datos de sus adversarios políticos, siendo ésta una tarea previa que queda en manos de su equipo de colaboradores. Cuanto más sepa de sus rivales y de sus programas electorales más sencillo le resultará rebatir las andanadas que le lancen desde la oposición. Los conocimientos de los puntos débiles de los partidos políticos rivales, y de sus candidatos, resultarán ser de gran ayuda en este contexto.

Es fundamental que el candidato conozca y domine el lenguaje, debido a que las intervenciones públicas, de todo tipo, serán siempre obligatorias. Los dichos, los refranes y el doble sentido de las palabras de los diferentes públicos a los que tendrá que dirigirse mientras dure su campaña. Hay cosas que se entienden en un determinado contexto, y ante un público determinado, pero que, en otro lugar, pueden resultar totalmente diferentes y perjudiciales para nuestros intereses. De ahí, la importante labor de asesoramiento de los colaboradores de la campaña general y de los colaboradores locales. Los colaboradores locales nos ayudarán a limar las asperezas del lenguaje y concretarán las argumentaciones en cada caso en concreto.

Un candidato que sea un buen gestor pero que no domine el arte de la oratoria y de la argumentación, difícilmente podrá defender el programa electoral. El Marketing Político le ayudará a contar con las herramientas necesarias pero, si carece del don de la palabra y no sabe comunicar adecuadamente lo que quiere decir, y no es capaz de rebatir a sus adversarios, nos encontraremos ante un grave problema personal. Todo se puede aprender, pero hay algunas condiciones con las que se nace, y estas facultades de comunicación se pueden perfeccionar pero son muy difíciles de adquirir por completo, sobre todo cuando el candidato no presenta condiciones de partida innatas.

Las apariciones públicas en directo en los mítines y las intervenciones en los distintos medios d comunicación y en Internet, permitirán mantener viva la llama del contacto del candidato con su público. Si el candidato no conecta, de manera permanente, con el pueblo, bajarán sus niveles de aceptación y de popularidad, lo cual hará crecer las expectativas de éxito de sus competidores. Las encuestas referidas a la intención de voto, que se realizan antes y durante la campaña, suelen ser un buen termómetro para tratar de encontrar una explicación a todo lo que venimos defendiendo.

La planificación de las apariciones públicas del candidato deberá ser muy estudiada. No es recomendable que el candidato se prodigue demasiado en dichas comparecencias en público, pero tampoco se aconseja que permanezca desaparecido. En estas apariciones e intervenciones en público, o en la celebración de debates con otros candidatos, deberemos cuidar los siguientes aspectos:

– La elección de las fechas más adecuadas
– La selección de los lugares idóneos
– El diseño de los mensajes concretos a transmitir (ejes electorales)
– Medios técnicos y de apoyo a utilizar por el candidato
– Iluminación
– Vestimenta y maquillaje
– Acompañantes en el estrado
– Decorados
– Azafatas y personal de apoyo
– Personal de seguridad

En la celebración de ruedas de prensa, necesarias a lo largo de todo el proceso electoral y en la precampaña, el candidato deberá dar una sensación de seguridad, dominio y tranquilidad, junto con unas elevadas dosis de sinceridad y de acercamiento al público que le estará observando y analizando. Procesarán cada una de las informaciones o de los mensajes que reciban y, los indecisos, sacarán sus propias conclusiones, las cuales pueden inclinar o decidir sus intenciones de voto. La tolerancia, la serenidad y la destreza reforzarán la imagen del aspirante a liderar los designios de un pueblo.

Hay que tener en cuenta que el candidato puede ser alabado o criticado por la prensa en función de las actitudes personales que muestre ante ella en sus continuas intervenciones. Día a día la prensa puede ayudar a subir o a bajar en popularidad a cada uno de los contendientes. Con tolerancia, y con una gran seguridad en sí mismo, el candidato será más aceptado y mejor valorado.

Otro elemento de apoyo en la batalla electoral es el que reciben los partidos políticos y los candidatos por parte de otros partidos políticos, de otros países, y de sus líderes mediáticos. Esto, no sólo nos ayudará a presentar una imagen de aceptación y de apoyo internacional, sino que nos servirá para tejer una amplia red de futuras colaboraciones que, además de resultar ser de una gran ayuda en los tiempo siguientes a la campaña electoral, está comprobado que son muy bien valoradas por los votantes potenciales. Se refuerza, de este modo, la imagen de fortaleza y de seriedad de los candidatos de ambos países, así como su capacidad de colaboración y de liderazgo en el plano nacional y en el internacional.

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