— El universo, la universidad y las escuelas universitarias —

Aprender, vivir, sentir

En efecto el planeta en que estamos sigue siendo el mismo, pero el Universo es totalmente diferente. ¿Cómo no va a reflejarse eso en la en la enseñanza superior? Internet y las nuevas tecnologías de la información cambiaron la creación de conocimiento, la difusión y la economía. Desde principios del año 2000, miles de personas participan en diversas iniciativas como Debian GNU/Linux, el Open Directory Project, la Enciclopedia Wikipedia, bancos de proyectos de software, cultura y arte libres, entre muchos otros. La tradición quedó rezagada, por sus conceptos de disciplina, dependencia de organismos nacionales e internacionales, y el puro interés mercantil: por lo tanto, la educación y el conocimiento académico también han roto las barreras.

El caso de la Wikipedia es especialmente ejemplar: una verdadera “enciclopedia del contenido libre” en el que todo el mundo puede participar, creada a partir de las aportaciones, creaciones, mejoras y traducciones (también incluso material gráfico) de los internautas de todo el mundo. Habíamos llegado a interiorizar tanto la condena “babélica” referida a la diversidad de idiomas, que habíamos desistido de la idea de crear una reunión consensuada de conceptos y de conocimientos: como cada idioma es una forma de ver el mundo, creíamos que no era posible establecer definiciones (políticas, culturales, sociales) con un amplio consenso mundial. Y bien: no ha hecho falta un grupo de expertos filólogos que condensen semánticas, sino la simple y espontánea participación de la gente para conseguir algo muy cercano a un código universal del conocimiento: en la Wikipedia se llegan a encontrar consensos sobre la definición de la palabra “injusticia”, o “nación”, o “arte”. ¿No es eso una verdadera revolución del conocimiento, una verdadera democratización del conocimiento?

La enseñanza es y debe ser receptiva a estos cambios en el Universo, en la universalización del conocimiento. Ya no es sólo que todo el mundo pueda acceder a contenidos: es que todo el mundo puede crear contenidos nuevos, crear, desarrollar proyectos, actuar. Eso obliga a profesores y alumnos a tener un ojo puesto en el mundo, constantemente, y a no dejarse llevar por tesis antiguas sobre la enseñanza: más dirigibles, más pautadas, pero inservibles hoy en día. Esta revolución del conocimiento tiene sus consecuencias, por lo tanto, en las actitudes. La actitud ante el aprendizaje y ante la enseñanza. Qué aprendo (o qué enseño) y para qué.

Pongamos por caso un estudiante de nuestra área de Dirección de Empresa, impartida íntegramente en ESERP: cuando este estudiante termina con éxito la carrera, y fijándose en el nombre de la misma, podría hacerse el siguiente planteamiento: “ahora ya puedo ser un Director de Empresa”. Y no es que diga exactamente una mentira: es que no dice toda la verdad, o dice una verdad inexacta. No por el hecho de haber cursado con éxito Dirección de Empresa va a haber un buen director de empresa, si bien obviamente lo tendrá más fácil que otro que no.

El grupo ESERP online

El grupo ESERP online

Entender el cambio en las Escuelas de Negocios es entender esto: nada importante va a salir de ningún alumno si sus conocimientos y habilidades se centran exclusivamente entre las paredes de las aulas de ESERP. Ni entre las páginas de los libros o de los apuntes. Ninguna Escuela Superior puede permitirse hoy el lujo de ser una burbuja, experta en crear expertos (en el sentido académico del término), experta en crear nuevos profesores universitarios que no se muevan de la pizarra y la mesa. Las Escuelas Superiores no deben ser endogámicas fábricas de sabios profesores universitarios. Una Escuela Superior debe ser más que eso, más académica pero menos academicista. Hoy el reto está en ser moldeadoras de espíritus. Para ser más concretos, moldeadoras de actitudes. Ante la profesión, ante la vida y ante la sociedad.

El aprendizaje es hoy más que asunción de datos: es también vivir y sentir. De hecho los últimos descubrimientos en neurociencia han certificado la “muerte” de las teorías más clásicas de Descartes, por las que el hombre piensa y luego existe. Hoy hemos descubierto que no somos seres racionales que sentimos, sino que somos seres emocionales que pensamos: es decir, “siento, luego existo”. Sentir equivale a vivir, a participar, a no observar el conocimiento ni el desarrollo vital como una amalgama de datos racionalizados que deben ordenarse en un disco duro. Hoy el conocimiento debe ser más vivencial, más práctico (“método del caso” como paradigma) y más abierto a las novedades y cambios.

Hoy aprender ya no es una función estática, como tampoco lo es enseñar, ni lo es ya ninguna actividad transcendental en la vida. Aprendemos a través de sensaciones, de emociones, además de los simples conocimientos académicos: tomamos decisiones mucho más a través del instinto que del raciocinio, sin que eso signifique que el raciocinio no nos ayude de forma determinante a tomar decisiones más fundamentadas. Ya no se trata pues de transmitir conocimientos, sino de transmitir actitudes: la curiosidad, la investigación, la innovación, la ética, la comunicación, el tener el cuenta al otro, la apertura, la flexibilidad, la empatía…

La educación es y debe ser todavía el pilar de referencia en que se forjen los nuevos líderes, y en que se desarrollen las principales actividades de investigación y desarrollo. Las Escuelas de negocios y Universidades, como las personas, ya no pueden ser seres contemplativos sino que deben ser seres proactivos: eso significa ser el núcleo duro de la investigación y el desarrollo de nuevos conocimientos, de nuevas formas de intercambio de los mismos, de nuevas técnicas y habilidades y de nuevas ideas para mejorar el mundo. La enseñanza debe ser, asimismo, el centro de gravedad de la creación de los nuevos líderes, capaces de gestionar su acceso a la información y de dirigirla hacia la utilidad máxima (y en beneficio del bien común), sin querer comerse el mundo sino seducirlo. Los nuevos líderes ya no van a ser tiburones, ni lobos del cuento de la Caperucita, sino príncipes capaces de salvar a la princesa de su letargo y de, a pesar de ello, continuar el cuento.

Y por último la enseñanza debe ser creadora del Universo: ¿qué significa eso? Significa que la enseñanza no ha venido ya a este mundo a explicarlo, sino también a mejorarlo y a participar en el mismo. La educación es verdadera creadora de la realidad social, política y económica de un país. Ya no es sólo por su función de forja de los futuros líderes, sino también por su capacidad propositiva de ideas, de avances, de intercambios y de actitudes. La enseñanza como motor de cambio y de progreso, como agente con algo que decir y con mucho que hacer a favor del avance social. Una enseñanza abierta no sólo desde el punto de vista digital, sino desde el punto de vista más tangible. La abertura como algo más que tecnología, la abertura como actitud receptiva y proactiva. Como en la Wikipedia, en la enseñanza el conocimiento no está dormido. Promete sorpresas diarias.

Las Escuelas rompen la burbuja

Desde los principios de ESERP hemos tenido claro que nuestra función principal consiste en alimentar a la persona académicamente, pero también hacerla consciente de la comunidad en que vive (es decir, hoy por hoy, el mundo) y de una serie de valores éticos mínimos que no son dogma para nadie: sino que, simplemente, funcionan y contribuyen al éxito. La formación comporta un compromiso, formar y formarse implica un compromiso con uno mismo y con la sociedad. El alumno tiene claro en ESERP que la formación es un regalo, un tesoro al que debe corresponder y del que debe responsabilizarse. Partir de ella para crear desarrollo, un progreso personal y social. No se trata de transformarse en los ejecutivos del mañana, como se pregonaba justamente durante los años 80, sino tener consciencia de las propias posibilidades, del trabajo en equipo, del bien social, de la convivencia en red, del desarrollo sostenible… Combatimos la excesiva egolatría creada en los despachos empresariales durante demasiados años, en que el individuo era más importante que la sociedad (se trataba justamente de “conquistar” la sociedad) y en que acceder a la escuela o universidad era acceder a un pasaporte para triunfar a cualquier precio.

Ese modelo no funcionaba antes y todavía menos funcionará ahora. El Universo interconectado en que vivimos, que nos obliga a ser conscientes del vuelo de la mariposa en el otro lado del mundo (es decir, a la vuelta de la esquina), nos da la oportunidad para evitar determinados errores. La agresividad no funciona. Y, además, está mal. La búsqueda exclusiva del propio beneficio es una búsqueda antiestética e inmoral, sí: pero, además, hoy es totalmente infértil. Hoy las personas y las entidades, incluidas las mismas Universidades, no pueden vivir dentro de burbujas. Pueden hacerlo, sin duda, pero el coste es elevadísimo: cuando no por ruina, por lucro cesante. El lenguaje ha cambiado y ahora no se trata de ser el más “competitivo”. Ese es un lenguaje ya anticuado. El “competitivo” de ayer es el “cooperativo” de hoy, el flexible ante los cambios, el tolerante ante las diferencias, el que aprovecha las aportaciones de los demás y el que es consciente de su papel en la sociedad. Hoy en día no se trata de competir por competir, hoy en día hace falta una razón o un sentimiento, o ambas cosas, para hacer crecer algo mínimamente sólido.

El rey de España con el Profesor Doctor José Daniel Barquero

El rey de España con el Profesor Doctor José Daniel Barquero

Una razón o un sentimiento que nos transcienda a nosotros mismos. Esa es la clave del aprendizaje de hoy en día: hemos venido a aportar. A crecer y a hacer crecer. A tener un sentido, a fundar empresas o entidades con “alma”. Paradójicamente, las nuevas tecnologías no nos han vuelto más fríos: nos han redescubierto, detrás de las grandes ideas y de las grandes corporaciones, la importancia de las personas.

Para decirlo de forma tajante, no pretendemos satisfacer el interés privado de nadie: ni de ningún alumno, ni de ningún profesor. Lo que pretendemos es, al modo del Doctor Bernays, hacer coincidir el interés personal con el interés público. Y eso, como hemos podido comprobar tras 25 años, sí que funciona.

La universalización de la educación nos coloca en una situación tan privilegiada como compleja, una alta responsabilidad en el reparto de funciones de nuestra sociedad: somos los responsables de garantizar una educación de calidad para todo el mundo, y de ser la respuesta a la consecución de los proyectos a largo plazo de un país. Debemos ser el engendro de los nuevos talentos y de las nuevas ideas o actitudes, lo cual se traslada inevitablemente en el posterior desarrollo profesional de los alumnos y (por ende) a la evolución del país. De la misma forma que nuestros alumnos tienen en cuenta a los demás, al mundo, durante su aprendizaje, ESERP tiene en cuenta a España y al mundo en cada decisión que toma y en cada idea que desarrolla, contribuyendo así de forma proactiva al intercambio y al progreso.

La educación es un bien común, un patrimonio de la sociedad del que estamos orgullosos de ser responsables: este bien de interés común puede gestionarse de muchas formas, pero nuestra apuesta es la de hacerlo con la mirada puesta en el interés del alumno combinado, encajado, en el interés general del país y del mundo. No somos una sociedad más individual por el hecho de que el hombre y la mujer sean más protagonistas de la misma: todo lo contrario. Somos una sociedad en que ideales como los de ESERP, encajar el interés común con el interés particular, tienen más futuro que nunca. El interés del alumno debe ser el interés del mundo: al mundo debe interesarle que el alumno salga formado de una determinada manera, y a ESERP le interesa no sólo la formación del alumno sino su repercusión en el mundo. De forma que nuestro patrimonio no son solamente los que se matriculan en nuestras Escuelas o Departamentos, sino la enseñanza en general, como bien común que debe direccionarse a favor de unos valores y actitudes, y no dejando de lado esta dimensión fundamental del crecimiento humano y social.

Ni egolatría ni endogamia

Lo dicho: ni nos dirigimos a alimentar egos agresivos, ni a encerrar al alumno entre muros incomunicados de libros. Diríase que hace sólo 20 años las Escuelas de Negocios y Universidades, incluso las más prestigiosas, procuraban edificar altos muros entre sus instalaciones y el resto de barrios de la ciudad para resaltar así su áurea de fabricación de élites. Pero no sólo esta filosofía ha cambiado, sino que la enseñanza universitaria en general ha empezado a descubrir poco a poco su función en el mundo: de manera que a lo largo de una vida profesional el alumno deberá tener como recursos no sólo los apuntes y los libros (interiorizados en mayor o menor medida), sino también las habilidades de actualización, reciclaje y flexibilidad pluridisciplinar que son justamente lo más alejado de la endogamia academicista. Diríase que con la simple formación en conocimientos básicos se consigue solventar tal vez el primer acceso del alumno al mundo laboral, pero no se garantiza su desarrollo óptimo dentro del mismo, ni su capacidad de reacción ante el cambio, ni la dotación de sentido de su tarea en la sociedad. Romper la burbuja es romper esos muros físico y no físicos, acercar las academias a las ciudades y partir desde la base para la creación de las verdaderas élites del futuro.

El conocimiento se pone, pues, a disposición de la sociedad. La formación superior olvida los parámetros de “ataque” y “competitividad” para enriquecerlos con espíritu de “cooperación” y “comunicación”, lo cual es por supuesto mucho más adecuado para un bien, la educación, que ya no es un bien de élites sociales sino de masas. También en el sentido cognitivo del término: de la misma forma que los monjes de las iglesias fueron depositarios únicos del conocimiento durante la Alta Edad Media, hoy las Escuelas de Negocios no pueden ser autárquicas instituciones de conocimiento. El bucle del conocimiento no debe circunscribirse a los claustros (como no debía circunscribirse entonces a los claustros religiosos), sino que debe circular con el alumno y más allá del alumno. El conocimiento es ya un bien de masas: ¿cómo no va a serlo la educación?

Eso conlleva dirigir la adquisición de competencias mucho más allá de las bibliotecas de la facultad, sin que un alumno transformado en “experto” derive esa experiencia tan sólo a la misma retroalimentación de lo aprendido, sino que la dirija hacia el progreso social y hacia el suyo propio, transcendiendo el marco académico. Los profesores han caído a menudo en ese tipo de tentaciones, consistentes en centrar su atención en la materia misma que imparten, su propia disciplina y su desarrollo, dejando a un lado su implicación en el mundo empresarial o en la sociedad. Como decimos, eso puede servir al alumno durante algunos años pero poco más: en una esperanza de vida laboral tan larga, lo esperable es que las herramientas de que se dispongan vayan mucho más allá de las bibliografías recomendadas o de los apuntes tomados. Justamente es la democratización del conocimiento, y la universalización de la enseñanza, lo que nos facilita hoy la solidez de esas nuevas herramientas.

El trabajo en red, el intercambio cultural, el sentido de la existencia del otro, nos confiere nuevos métodos y nuevas actitudes que van a ser enormemente útiles para el desarrollo profesional y personal del alumno: pero, al mismo tiempo, rompen con las concepciones elitistas de la educación y la aleja de tentaciones endogámicas.

La ética: ¿responsabilidad o necesidad?

Hemos dicho que ser alumno, ser profesor y ser empresa, ser persona en definitiva (física o jurídica), significa detentar unas responsabilidades y mucho más en un mundo donde hay tanta capacidad de elección. A mayores oportunidades, mayores responsabilidades. Por eso desde ESERP acentuamos de forma clara la preponderancia de determinados valores, que intentamos transmitir tanto a los alumnos como a nuestro entorno social, como guías de actuación básica en un entorno de siglo XXI. Nuestra misión es impulsar la docencia y la investigación en varios ámbitos (dirección de empresa, recursos humanos, relaciones públicas…) con el fin de contribuir a la formación personal, profesional y académica de personas que se caractericen por su actitud, su competencia y su capacidad de adaptación a los cambios, pero también por su plena consciencia de la responsabilidad que tienen en el desarrollo de una sociedad que promueva la dignidad de las personas, la libertad personal y colectiva, el marco de nuestras leyes y costumbres y el contexto de intercomunicación planetaria.

Desde ESERP estamos convencidos de que la responsabilidad en estos valores no es una carga, ni una condición, sino una verdadera necesidad para con el crecimiento personal y colectivo: creemos que el futuro no puede construirse, es inviable, es ineficiente incluso, sin esas referencias de valores básicas. Sin ellos acaban construyéndose verdaderos castillos de naipes que derivan en quiebras mundiales como la que hoy vivimos, que por ser una crisis económica no se escapa de tener cierta raíz en los comportamientos inmorales o excesivos. No se trata en absoluto de moralizar ni de dictar pautas de vida, sino de invitar a compartir unos valores que son profundamente útiles para cualquier desarrollo profesional o social. Unos valores que siempre suman, como suman las habilidades y conocimientos, que nunca van en contra del progreso personal y que son la clave, a nuestro entender, de cualquier perspectiva de verdadero progreso. Una garantía de solidez, que no de rigidez. Unos cimientos básicos que siempre van a estar ahí y que nunca van a fallarnos.

Formar parte de una institución como ESERP debe implicar una actitud de compromiso con su misión, pero también con sus valores. Dentro de la aceptación personal de estos valores, cada uno decide por supuesto su forma personal de vivirlos. En ese contexto de libertad y de respeto mutuo, ESERP invita a sus miembros a promover acciones y comportamientos que guarden coherencia con estos valores básicos y que, si es posible, los proyecten hacia el resto de la sociedad y del mundo.

Estos valores pueden desglosarse en:

-El intercambio y la flexibilidad: Globalizarse significa abrirse, tanto físicamente como mentalmente. Creemos que el intercambio de conocimientos y de culturas enriquece a la sociedad y al individuo, quien cada día debe estar más preparado para escenarios variables en su crecimiento profesional.

-La cooperación: “Si quieres llegar rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, es mejor ir acompañado”. El trabajo en equipo, la solidaridad, la consciencia de la aportación de los demás, es un valor clave en nuestra época como lo ha sido, de forma más consciente o menos, desde hace siglos.

-El sentido social: Básicamente, hemos venido al mundo a ayudar. Evidentemente que también tenemos derecho a intentar ser felices, pero si a algo hemos venido es a servir de algo, a hacer crecer el mundo, a aportar de nosotros mismos a favor de los demás. Ayudar a los más necesitados, tener en cuenta las injusticias para intentar corregirlas, la observación al medio ambiente, a la sostenibilidad, a los Derechos Humanos, al orden jurídico y a los deberes y obligaciones que existen más allá de la ley, sin dejarse llevar por el egoísmo… Son algo más que valores: son verdaderas herramientas para la única vía de crecimiento sólido de cualquier proyecto.

-El nuevo conocimiento: Saber, Saber hacer y Poder hacer: En el terreno del “saber”, apostamos fuertemente por el método del caso, de la simulación y los cursos interactivos con Sistemas de Autoevaluación y Autocomprensión. Es decir, confrontamos teoría con realidad de forma constante, no tanto para recrearnos en lo real sino justamente para mejorarlo y aprender de ello.
Por lo que se refiere a “Saber Hacer”, a través del campus virtual nuestros alumnos pueden acceder a las Herramientas de Autodiagnóstico que se asignen a su Máster y que desde el primer día puede aplicar a su organización para realizar su propia auditoría interna de gestión.

Pero, además de este lado cognitivo y de método de consultoría, hay que “poder hacer”: para ello desarrollamos un sistema para la dirección, consistente en Sistemas Tecnológicos Expertos para poder aplicar las técnicas y políticas vistas en los módulos de cada Máster. Estos programas se utilizan en la mayoría de las compañías españolas y desde el primer día el alumno puede aplicarlo en su organización en las áreas de Finanzas-Control de Gestión, Recursos Humanos, Producción-Logística-Calidad, Marketing y Comercial.

La competencia académica y de investigación: ESERP se apoya en un sólido claustro de profesores, con experiencia docente y profesional en la materia que imparten, así como un equipo rector y ejecutivo altamente cualificado, entre los que se encuentran relevantes personalidades del ámbito académico, científico, investigador, cultural y económico.

-Actualización y mejora continuada: A través de la investigación y el desarrollo de la realidad empresarial y social, ESERP ha incrementado de manera significativa los recursos dedicados a investigación, habiendo sido premiada por ello por varias instituciones.

-Acción social: La opción plural de ESERP se armoniza con su línea de valores éticos y morales que la caracteriza desde sus inicios y que forman parte de su razón de ser actual. Por ello ESERP participa en distintas Fundaciones, ONGs y asociaciones en proyectos sociales. El espíritu de superación, trabajo y dedicación que ofrece es la base indispensable para la formación de los directivos de la empresa moderna.

El “alma” de las empresas
Una empresa se puede equiparar en varios aspectos a un ser humano: un organismo inteligente, complejo, capaz de inmensas proezas…Pero también de grandes calamidades. Difícilmente puede definirse el ser humano como un simple cuerpo que realiza cosas de forma inteligente, ya que el ser humano no es sólo un ser que piensa. Hemos descubierto que somos mucho más seres emocionales que pensamos, que seres racionales que sentimos: el ánimo primitivo de tomar la decisión de construir una herramienta obedece a una emoción, ya sea de supervivencia o de simple impulso de mejora. Es decir, el ser humano se mueve por algo, por alguna pasión o algún sentido, que no siempre tiene que ser enteramente racional o calculador. Los mismo sucede en las empresas: emprender algo tiene que tener algún sentido. La simple producción nos lleva a una caricatura de los “Tiempos Modernos” de Charlot que acaba siendo, precisamente, la antesala de la improductividad.

Lo que en lenguaje académico y económico se denomina la “Misión” de una empresa no responde exclusivamente a un cálculo de oportunidades y desventajas, sino a unos valores, unas razones de ser, una visión del mundo y un talento determinado que nos direccionan hacia una actividad y a un estilo. Las empresas ya no pueden ser “talleres de productos que tienen que venderse como sea”, sino cada día más prestadoras de bienes para la comunidad que tiene vocación de aportar ese bien.

La “profesionalidad” es un concepto tan prestigioso como resbaladizo, puesto que siempre será mucho mejor una empresa que actúa por vocación, por misión, que una empresa (o individuo) que actúa por simple y gris deseo de ser el mejor “profesional”. No se trata de ser el más experto: se trata de aportar lo mejor para nuestro entorno (o incluso para nosotros mismos). La diferencia es sustancial.

Nadie emprende nada sólido sin una ilusión, sin un determinado “amor” a esa actividad o a ese proyecto. Necesitamos líderes vocacionales, verdaderos artesanos de un sector o de una especialidad, que deseen ser lo que son y que se desvivan por mejorar. Las empresas que perdurarán en el futuro no serán sólo las que hagan los mejores análisis DAFO o las que se puedan “comer” sus competidores por méritos propios, sino las que crean en lo que hacen y en el sentido de lo que hacen. Un sentido que debe ir más allá de la simple subsistencia o crecimiento de la empresa, que es un estímulo de carrera corta: lo verdaderamente estimulante es, en la medida en que podamos, mejorar el mundo y realizar cosas perdurables.

Esta visión puede parece algo obvia hoy en día, pero ha hecho falta que la revolución tecnológica haya facilitado carreras brillantes de personas jóvenes en el mundo de internet (Yahoo, Google…) para darnos cuenta que es realmente la vocación lo que empuja los grandes proyectos. Hay que “pasárselo bien” emprendiendo un proyecto de empresa, hay que ponerlo en valor y verlo encajar dentro de la sociedad como algo que “vale la pena”. Incluso poder vivir la profesión como un segundo “hogar”, sin que eso implique renuncias innecesarias en el ámbito más íntimo pero sí vinculando de alguna forma la empresa, el proyecto, con la intimidad de la persona: con lo que realmente anhela hacer.

Se trata de “vivir los colores” de la empresa y de sudar su camiseta sin pereza, con cierto orgullo y avistando promesas de futuro. Viviendo el proyecto dentro y fuera del ámbito estrictamente empresarial. Lo cual requiere también capacidad de adaptación a los cambios, voluntad de crecimiento, ambición y visión

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