— Historia de los últimos 25 años de ESERP —

UNA NUEVA IDEA DE ELITE

¿Aún hay clases?

La nueva élite no tiene que ver con las clases sociales: eso también es algo relativamente nuevo. La universalización de la educación nos ha hecho conscientes de que las oportunidades cada vez dependen menos del elitismo entendido bajo el prisma de la lucha de clases, y dependen más del elitismo entendido como gestión del conocimiento. Evidentemente que los recursos monetarios siguen importando, pero ya no mucho más que las capacidades personales o sociales. En especial la capacidad de crear equipos o sistemas complejos: repetiremos aquí el proverbio chino: “si quieres ir rápido ve solo; si quieres ir lejos, ve acompañado”.

La concepción moderna de éxito ya ni siquiera se basa en la obtención de riqueza: como se ha apuntado antes, ha cobrado dimensión la razón de las cosas, el sentido de las cosas. Qué aporta alguien a la sociedad. Por eso, en un mundo cada vez más interconectado, el resultado no ha sido el de la enajenación y el individualismo sino justamente el de la búsqueda de lo auténtico. Y lo auténtico ya dejaron de ser las grandes fortunas, sino las razones o los impulsos que hay detrás de ellas. En ESERP hemos desarrollado estos 25 años una idea de creación de élite basada en un éxito que transciende lo material: que se concentra en su finalidad, en su actitud. En ESERP hemos aprendido y enseñado a desarrollar la actitud. La inquietud, la intrepidez, la astucia, la generosidad, la imaginación, la implicación social, las relaciones personales. Y, sobre todo, la sinceridad con uno mismo y con los demás: llegar a ser “personajes de verdad”.

El Profesor Doctor Barquero con el presidente Bush

El Profesor Doctor Barquero con el presidente Bush

Hoy en día no se construyen élites en grandes auditorios en los barrios más acomodados y con los Power Points más llenos de flechas: hoy ya es notorio que las nuevas élites se construyen en el centro de las ciudades, en aulas o en despachos de dimensión humana, íntimamente compenetrados con el urbanismo y la estructura social de la ciudad, tendiendo la mano en vez de encerrarse en torres de marfil. Hoy en día partimos de una idea de élite más humilde pero triplemente ambiciosa. Y eso no es una paradoja: vivimos en un contexto de personas con más acceso al conocimiento, más sabias. Y, por lo tanto, menos impacientes. Menos agresivas. Más inteligentes. “Como tenía prisa, sabía esperar”.

Se trata en definitiva de un cambio de paradigma: hoy la mejor herencia no son los bienes, sino el conocimiento. Lo que anteriormente se llamaba “el sueño americano” tiene ya su versión europea, consistente en una base de talento, formación y vocación que puede llevar a cualquier persona a ser o hacer todo aquello que se proponga. Un país con limitados recursos naturales puede crecer en base a la educación, al conocimiento de sus habitantes, a las habilidades de sus empresas y a la calidad de sus productos y servicios. Un país puede ser superpotencia en varias cosas más allá de las extensiones geográficas, los recursos naturales o el peso de su historia: más que nunca, estamos creando más herencia de la que efectivamente heredamos. Y esa herencia consiste en el conocimiento, su gestión y su consolidación en la ciudadanía.

El objeto de la creación de ESERP era constituir una Escuela de Ciencias Sociales y Negocios así como una Fundación Universitaria, que impartiera docencia eminentemente eficaz y práctica. Su sede radica en el edificio de la calle Girona 24 de hoy y en Madrid, en el edificio de la calle Costa Rica 9. Costó mucho resolver burocracias, conseguir permisos, vencer resistencias… pero finalmente, y gracias a esta concepción moderna del progreso y el aprendizaje, que pasa por el networking y la fusión entre el interés privado con el interés público, se salió adelante con el objeto fundacional y hoy con todas las enseñanzas ya somos más de 4.000 alumnos (entre presenciales y “on-line”, incluyendo alumnos extranjeros) con una fuerte garantía de éxito profesional para cada uno de ellos y sin que podamos atender a todos a los que quieren acceder a nuestros masters. Somos una comunidad que crece, que tiene en cuenta al mundo y que tiene las raíces en el centro de Madrid, de Barcelona y Palma de Mallorca.

Una comunidad que, como sus alumnos, expande su red y la cultiva. Un engranaje que no busca protagonismos y que no se encierra en sí misma, ni siquiera en sus propios éxitos. Una entidad viva, que va a más y que se apasiona con los retos del futuro. Un organismo que no se ha propuesto sobrevivir, sino vivir. Como sostiene Ackoff, el beneficio es para las empresas como el oxígeno para los seres vivos: necesario para su supervivencia, pero de ninguna manera la razón de su existencia. En ESERP nos hemos propuesto desde el primer día ir más allá de la supervivencia. Nos hemos propuesto progresar y ayudar a progresar, nos hemos propuesto vivir plenamente, y hacerlo sin miedo.

Somos por lo tanto una Escuela que cree en la misma concepción de éxito que desgranó el presidente Jimmy Carter en su última visita a España con miembros de ESERP: “el éxito no consiste en la cantidad de triunfos acumulados, ni en la cantidad de veces que somos felicitados; El éxito consiste única y exclusivamente en vencer el temor al fracaso”.

La integración en la sociedad

En ESERP tenemos clara la necesidad de adelantarnos, de ir un paso por delante a los avances formativos y

El Profesor Doctor Barquero con el presidente Clinton

El Profesor Doctor Barquero con el presidente Clinton

sociales para poder prever los cambios (cada día más acelerados) a los que se enfrentarán las organizaciones de hoy y de mañana. Nuestra tarea de investigación, pero también nuestra vocación docente, se enfoca de forma continua a observar la evolución de los países, las empresas, las poblaciones, los hábitos, los conocimientos, y poder actualizar nuestras herramientas para descartar de forma inmediata las que progresivamente van quedando obsoletas. Demasiadas escuelas han querido fosilizar un modelo que fue exitoso en su momento, activando lo que podemos denominar el “piloto automático” del conocimiento, sin advertir que los tsunamis formativos son hoy fenómenos que se originan mucho más allá de nuestras orillas actuales. Por eso hay que tener las antenas permanentemente puestas en los epicentros del conocimiento y de la investigación, observar también los comportamientos de nuestro entorno más inmediato y localizar con la máxima precisión posible los futuros fenómenos (sociales, científicos, culturales, políticos) que se avecinan.

La formación superior es, todavía, una herramienta básica para lograr la exitosa inserción en el mundo laboral o para crear empresa. Estos movimientos de fondo que cambian el mundo, las herramientas de conocimiento y los hábitos sociales en poco tiempo tiene como base personas formadas, especializadas y con capacidad de análisis, que en un momento dado son protagonistas de los cambios o bien deben adaptarse a ellos con suma rapidez y eficiencia. Eso requiere disponer de unas bases, unos cimientos, que todavía se encuentran de forma principal en la formación superior. Es decir, que hoy la “base” de lo que podemos entender como “conocimiento básico” se ha ensanchado y se ha hecho más rica, lo cual no significa más pesada ni (como hemos insistido antes) más académica o retórica: simplemente una sociedad más compleja y más dinámica requieren de bases formativas más resistentes que las que había hace sólo 15 años.

Eso se empezó a intuir en ESERP ya a principios de los 90 y finalmente ha terminado produciéndose: hoy el bien más preciado para cualquier profesional debe ser el conocimiento, y por ello quedarse en lo básico ya no va a ser una opción óptima. No tanto por la “cantidad” de conocimiento sino por el desarrollo de nuevas aptitudes y nuevas visiones que fortalecen al individuo, a su carrera o a su empresa de forma indiscutiblemente efectiva.
Una vez más, como también previó ESERP, se han roto los paradigmas de la educación como formación puramente intelectual sin aplicabilidad directa en el entorno: aprender es tener información pero es desarrollar una actitud, una capacidad, una experiencia, una “vida” real de lo que sucede a nuestro alrededor, elementos que no pueden trasladarse ni aprehenderse de forma pasiva o enclaustrada.

El trabajo en equipo, el trabajo en red

De forma patente asistimos a la introducción de un nuevo valor en nuestra sociedad, que es el de la pluralidad: cada vez más desarrollaremos más y más empatía, capacidades de ponernos en el lugar de los otros, debido justamente a las herramientas tecnológicas que nos permiten interactuar con el mundo entero y al constante intercambio cultural que eso supone. Trabajar en equipo ya no es sólo una reunión de personas más o menos bien avenidas, para tirar adelante un proyecto: hoy trabajar en equipo es estar preparado para tener que cooperar con un perfecto desconocido de quien puede depender buena parte del futuro de nuestro proyecto.

Para crecer profesionalmente es hoy herramienta indispensable el “networking” personal y empresarial. No se trata sólo de figurar en las redes sociales que ofrece internet (que también), sino de tener muy en cuenta que hoy en día en profesional es cada día más su agenda de contactos: puede medirse la evolución positiva de una persona o de una empresa en función de la calidad y cantidad de “amigos” (en términos de facebook) que posea, con los que pueda intercambiar habilidades y conocimientos y con los que pueda contar para hacer, comprar, vender, idear, crear, cooperar, investigar… Nadie puede crecer hoy por sí solo, por lo cual será importante desarrollar la capacidad de compartir responsabilidades y sumar sinergias, asumiendo la pluralidad, gestionando la discrepancia, construyendo sobre conflictos, sumando más que restando, localizando las virtudes de cada uno y profundizando constantemente, también, en nuestras habilidades de negociación.

La persona y la empresa, pues, trabajan en equipo globalmente. Las grandes concentraciones empresariales

El Profesor Doctor Barquero con el presidente Carter

El Profesor Doctor Barquero con el presidente Carter

de ámbito mundial son buena muestra de ello, pero sin llegar a estos grados de fusión es posible afirmar que toda empresa existente hoy en día en cualquier ciudad de un país moderno trabaja, de forma consciente o inconsciente, de forma continua con equipos que transcienden a sus fronteras y a su marco habitual de actividad. Puedes no querer trabajar en equipo, pero sin duda los demás trabajarán en equipo contigo o contra ti.

No es exactamente que el mundo se haya transformado en un gran club de equipos, ya que justamente no se trata de crear fidelidades permanentes sino de saber cooperar de forma puntual para objetivos determinados, venciendo barreras físicas y mentales y asumiendo el diálogo, la comunicación, como la segunda herramienta más importante junto con la del conocimiento. De hecho, más comunicación y más cooperación sólo pueden aportarnos, además de progreso, mucho mayor conocimiento.

El nuevo liderazgo

Estamos ante una nueva idea de liderazgo que no obedece a parámetros de imposiciones ni de autoritarismos: más basado en la autoridad moral que en la simple autoridad (legal o formal). Hoy la legitimidad para liderar surge de la vocación, del talento, de la constancia, y lógicamente del conocimiento y de la capacidad comunicativa. Por lo tanto resulta frágil cualquier pretensión de liderazgo que se base en la práctica de la escalada, del atajo, de la pura ambición y de la solidez reglamentista. No hay leyes ni herencias ni nombramientos a dedo que valgan, si no es para un corto (y tempestuoso) periodo de tiempo, si no hay una dinámica de constante autoexigencia en términos de crecimiento y comunicación.

Lo cual requiere, como es comprensible, personas que no solo sepan lo que hacen sino también lo que dicen, y que por lo tanto amen su actividad. Lo que en términos del Código Civil se denominaba “la diligencia de un buen padre de familia” no es una expresión en absoluto tan vaga como podía imaginarse: todo proyecto de liderazgo organizativo pide hoy ese grado de implicación y de devoción que por otra parte, y tanto para los padres como para los nuevos líderes, resulta (cuando se produce) tan infinitamente natural.

El liderazgo es también hoy generador de cambios, no sólo asumiendo los que se producen sino creando nuevos modelos y rompiendo con los caducos. No tener miedo al fracaso, condición indispensable para un líder, implica también no tener miedo a los cambios y justamente favorecerlos. No de forma compulsiva o gratuita, pero con una constante visión crítica que nos obligue (por pura supervivencia) a la creatividad. En un entorno de crisis económica como el actual, más que nunca surgen ejemplos de empresas y de líderes que transforman fórmulas productivas, buscan (y encuentran) nuevos mercados donde entrar, diversifican su actividad, crean nuevas necesidades, aplican nuevas tecnologías, transforman imágenes corporativas, cambian culturas empresariales y estrategias comunicativas, etcétera, justamente como fórmulas de éxito que certifican que una “crisis” es, más que nada, una oportunidad para el cambio y para el crecimiento.

Ante cualquier crisis, empresarial o personal, o incluso política, se crea una encrucijada: o se plantea como gran nostalgia hacia tiempos mejores o se aprovecha como oportunidad para emprender nuevas aventuras o para adoptar nuevos hábitos, en definitiva para crecer. Esas aptitudes las desarrollan los líderes del futuro, los que saben que nada positivo va a suceder desde el estancamiento.

El nuevo líder tiene, además, una profunda base ética. La actitud del nuevo líder comprende empatía,

El Pprofesor Doctor Barquero con Esperanza Aguirre

El Pprofesor Doctor Barquero con Esperanza Aguirre

comunicación y adaptación al cambio, pero también consciencia de su misión en el mundo y de la cooperación para con bienes y valores nobles. La Responsabilidad Social Corporativa es un concepto relativamente nuevo pero de alto valor significativo, puesto que por fin pone en armonía los intereses generales con los de la empresa particular.

En definitiva, es un valor de comunicación y de intercambio, de trabajo codo con codo con entidades solidarias o con fines sociales, de ensanchamiento de los horizontes de la empresa y de afianzamiento de sus liderazgos. Un líder empresarial es hoy, también y de alguna forma, un líder social. Por lo tanto su papel implica una capacidad de implicación comunicativa y efectiva, real, con lo que nos concierne a todos. No hay duda de que alguien que llega a liderar una organización tiene también una capacidad para liderar un ejemplo, un estilo, un rol ante la sociedad. Ese nuevo liderazgo sabe que la sociedad cuenta con él, es consciente de su responsabilidad más allá de la empresa y sabe que fuera de sus puertas sólo hay más puertas y ventanas hacia el crecimiento. El crecimiento de todos y el suyo propio.

Por ello el líder asiste a actos que van más allá de su sector, acude a conferencias, se interesa por las desgracias o las celebraciones, participa en los debates, contribuye a las acciones sociales, intermedia entre personas y entidades que lo necesitan, sabe cómo funciona una AMPA o milita en una ONG o pertenece a un equipo de fútbol, o, alguna vez al mes, asiste a la organización de minusválidos que existe en la misma calle que la de su empresa. No estamos creando un superhombre, ni pretendemos que sobre el líder recaiga ninguna obligación de perfección: pero decimos que la calle existe y que el líder debe conocerla bien. Sin que le sea indiferente. Comunicar, crecer y liderar también es eso.

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